Hace casi un año escuché la frase las ciudades no cuentan historias, las contienen; fue durante un foro en el F-10 (un salón de la facultad de
ingeniería de mi universidad), esa semana nos visitaron unos arquitectos
italianos, que venían a colaborar en unos proyectos de restauración, el ponente
dijo entre otras cosas que el centro histórico de San Salvador al ser restaurado aumentaría exponencialmente
de valor y todos aquellos propietarios de inmuebles podrían vender a precios que
jamás se hubiesen imaginado. Me pareció muy curioso que ellos, los italianos, pudieran ver un futuro prometedor para el
centro cuando nosotros, salvadoreños, tratamos de no verlo y nos basta con alejarnos de el para sentir
que el problema se solucionó.
Hace un poco más de un mes conocí a un grupo
de personas interesadas en todas las historias que esta ciudad contiene, es
un grupo muy diverso, cada uno realiza un esfuerzo diferente por hacer que el
Centro deje de ser una zona de terror y recupere la importancia cultural que
por años le hemos negado y nos hemos negado a nosotros mismos, ignorando no
sólo la belleza arquitectónica con la que cuentan las cuadras que dieron origen a la
capital, si no todas las manifestaciones culturales que en ellas se realizan. Hay
tanto por explotar y hay tantos países que si lo han hecho, podemos recuperar
las historias que contiene nuestra capital y
heredarle un mejor centro histórico a las futuras generaciones.