martes, 28 de julio de 2015

Mi primer día



La vida está llena de “el primer día”, ahora podría ser el día perfecto para ser el primero de muchas cosas.. el primero para ser feliz solo porque si, el primero para abrazar a tu madre, o hermanos, el primero para iniciar una dieta, el primero para perdonarte a ti mismo  y sanar…

sábado, 25 de julio de 2015

Una nueva aventura..

Les quiero compartir la nueva aventura en la que me he embarcado, estoy tratando de escribir una novela.. así que en esta entrada les compartiré la primera parte de mi capítulo 1...



I
Sentada en su mecedora recorría con la mirada los corredores  que alguna vez hijos, nietos y hasta bisnietos, habían atravesado jugando y riendo en su inocencia de niños. Veía como ese octubre no abrazaba  con sus amorosos ventarrones a los árboles del patio y como el aire mismo se respiraba diferente.
Cuando llegaban las seis de la tarde llamaba con voz de autoridad al que había sido su compañero por más de sesenta años, -¡Jorge!- exclamaba y el dulce anciano llegaba, conversaban un momento y ella le pedía ir a dormir, con mucho cuidado y cariño la ayudaba a pararse y a llegar a la cama, esta se había vuelto la rutina de todas las noches.
Al acostarse Renata  rezaba tres aves Marías y dos Padres Nuestros, costumbre que tuvo desde niña, esa noche en particular hizo sus oraciones con más fervor, como temiendo fuera la última vez. Cerró los ojos y empezó a soñar, en el sueño vio una escena de hacía más de diez años, era navidad y estaba toda la familia reunida en el patio, sus hijas Lucrecia y Estebana terminaban de servir los platos de comida mientras los demás adultos vigilaban que los niños no fueran a quemarse con la fogata. El sueño que le pareció tan real era una ráfaga de recuerdos que le hubiese gustado revivir, entre más viejos  más solos, pensó cuando despertó.
El día siguiente no había podido sacarse el sueño de la cabeza pero en particular la figura de una mujer alta y robusta de la cual no tenía un recuerdo claro, pasó pensando en ella toda la mañana, incluso mientras cocinaba el desayuno estuvo tratando de descubrir de quien se trataba, pues como ella decía: - “uno no sueña con gente que nunca ha visto, debía ser  alguien que había olvidado”.
Sirvió los plátanos y el café para ella y Jorge y se sentó a la mesa,  -Jorge, vení ya te serví- gritó para que su esposo llegara, hacía algunos años que las tareas de ambos se habían visto limitadas por los desgastes físicos de la edad; antes ambos se levantaban a las 4:30 am Jorge se iba a dejar el ganado al otro lado del río, y ella se quedaba preparando la comida para él y los trabajadores; ahora despertaban y para no perder la costumbre Jorge caminada en los derredores de la casa, si encontraba alguna fruta la cortaba y la llevaba a su esposa.
Esa mañana desayunaron  casi en silencio, como era la costumbre, hasta que Renata no pudo más y le comentó la inquietud que su sueño le había provocado.
El anciano restó importancia a los comentarios de Renata hasta que ella mencionó a la mujer que creía desconocer, Jorge colapsó, la descripción no era clara, había un gran abanico de posibilidades de quien podría ser, le mencionó ciertos nombres –creo que era la Lita Barrera- dijo en tono bromista, -No, ella no era lo sabría- le respondió su mujer. El al igual que su esposa creía en eso de que “uno no sueña con desconocidos”

Siguieron mencionando nombres, -Rosario Cornejo, esa mujer era tremenda- dijo Jorge, - Pero es que no, no era ella, habrá sido una tu mujer que tenías por ahí, Jorge- Respondió ella, - Cómo se te ocurre mujer, yo te he sido fiel desde el día que nos casamos, desde antes quizás- dijo alterado el anciano; y era verdad en el pueblo no se conocía hombre que hubiese amado y respetado a su esposa como Jorge Mira; la conoció en una fiesta  que el padre de Renata daba después de la cosecha, ese año Jorge había ido a trabajar en la finca de don Toño Sanabria. Durante la velada de celebración había visto entrar a la hija del patrón vestida como una hermosa doncella de aquellos cuentos que el leyó cuando niño, tenía  tez blanca, delicada figura y fuerte carácter, “la mujer más bella que alguna vez  haya visto en la vida y la más complicada también” como el mismo le decía a la gente, esa noche decidió que Renata sería su esposa.
Terminaron de desayunar y siguieron su día, Renata se sentó en su mecedora y Jorge salió a visitar a don Clemente Umanzor- mujer, dicen que  Clemente está enfermo, lo voy a ir a ver, ya regreso- dijo antes de partir.
Ella se quedó pensando en que poco a poco se quedaban más solos, no solo porque sus cuatro hijos hacía años que no vivían cerca, si no que sus amigos empezaban a morir,- la Maruja Olivares se murió el año pasado, Rosendo Urrutia hace dos meses que no se levanta de la cama, ya nos va a llegar el turno  a nosotros-se dijo. Mientras se levantaba de la mecedora para ir por un vaso de agua, escuchó una voz que la saludaba desde la entrada- Renata, ¿estás?- aunque no había reconocido la voz le respondió- ¡Sí!, pasá- de todas formas debían ser conocidos para que le supieran el nombre, pensó. Rutilia Hernández entró con prisa, como que llevaba algo importante que decirle a la anciana.
-¡Hola! Rutilia, no te había reconocido vos-
-No te preucupés, ¿cómo has estado?-
- Aquí, días buenos, días malos, vos sabés, uno de viejo ya no sabe si mañana se va o si vamos a seguir-
- No digas eso vos, mirá te venía a contar algo, no vayas a decir que soy chambrosa, pero creo que esto te importa-
- ¿Qué pasó?, ya me asustaste Rutilia hablá-
-Hay Renata, que no sé como decirte-
-Hablá ya mujer-
-Bueno, pero regalame un café primero vos, se amable con la visita-
- Vaya pues, pero contá mientras pongo el agua-

-Es que vaya, la cosa está así, ¿vos te acordas de que en la guerra la Lucrecia Pocasangre se fue del pueblo?, a pues esa mujer iba embarazada, Renata y dice que el hijo es tu nieto-
- No sé de que quien me hablás vos-
Renata en verdad no recordaba a ninguna Lucrecia Pocasangre  y menos que hubiese desaparecido durante la guerra, de esto habían ya pasado más de veinticinco años, pero la memoria de la anciana guardaba casi todos los recuerdos de esos tristes momentos intactos.
Pasaron un buen rato tratando de que ella recordara o al menos tuviera una mínima idea de quien era, de repente Renata recordó su sueño, -ella tenía que ser-. No quiso compartirlo con Rutilia, porque “ella era de boca medio floja” como decían en el pueblo.
-Bueno Renata, que bueno está el café por cierto, y entonces, ¿No querés conocer al que dicen que es tu nieto?-
-Rutilia, pero yo no sé quién es esa mujer, a de ser mentira, yo a todos mis nietos los conozco-
-Mirá la Lucrecia ha andado preguntando donde vivís, así que mejor prepárate que por aquí más temprano que tarde la vas a tener-
- Bueno a todo esto, ¿De quién es el hijo, de Guillermo o de Manuel?
-Pués ella dice que del hijo mayor de la niña Renata y don Jorge, ahí no sé yo quien es mayor-
-Ummm, ya va agarrando lado esto, de Manuel si podría ser, ese se metía con todo lo que tuviera falda-
-Pues deberías decirle a Jorge, para que no le vayan a contar por otro lado-
-Si vos, aunque no sé como, yo digo que mejor hablo con Manuel antes-

-Ajá mujer ¿qué le vas a decir a Manuel antes?, ¡Hola Rutilia! días sin verte-